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Una cultura globalizada que no entiende de impronta personal.

No quedan dudas que aquel  universo, donde el conocimiento era sinónimo de poder absoluto, ha cambiado. Hoy, el espíritu colaborativo ha venido a instaurarse como un nuevo paradigma, y compartir es la base de la participación ciudadana. Nos desarticula de nuestro cómodo lugar de individuos invitándonos a enlazarnos con el otro, el bonito proceso de crear redes.

Cuando creamos redes: abrimos puertas, promovemos canales, dinamitamos pirámides  Nos conectamos y además de ser emisores de nuestras propias ideas, lo somos también de la información que nos llega, resignificando el contenido según nuestra propia impronta, llamamos a esto: curación de contenidos, filtrar, seleccionar, y resaltar lo más atractivo para volver a comunicarlo. Es el “justifique su elección” de un múltiple choice universitario.

El auge de la comunicación en manos de todos y todas, ha planteado una dicotomía entre la impronta y la globalización. Una necesidad arbitraria de compartir todo al alcance de un solo click, sin curar el contenido, basta con identificarse mínimamente con una idea para teñirse por completo de un color. Basta con que se resfríe un francés para que estornuden al mismo tiempo un argentino, un italiano y un holandés.

En particular identifico dos casos sensacionales, por un lado: Acción poética, un movimiento artístico mexicano,  que propone inundar de poesía las paredes de una ciudad. Y por el otro: Café pendiente, un movimiento solidario iniciado en Italia, que propone ayudar al otro en conceptos básicos de confianza y solidaridad…

A nivel local nos unimos a una tendencia universal. Nos conmovemos, compartimos, viralizamos y llevamos a cabo las acciones.  Ahora bien, ¿Cuánto de propio tienen estas iniciativas que proponen ser vanguardistas? ¿Cómo se acondicionan estos movimientos a nuestro mundo en particular? ¿Somos capaces de transformar lo que nos llega para adaptarlo? ¿Somos capaces de curar el contenido?

Si hablamos de acción poética, nos paramos en un concepto magnífico “sin poesía no hay ciudad”. Una síntesis exquisita de poesía, con una tendencia a multiplicarse, no solo en las redes, sino también en muros físicos de muchas ciudades del mundo. Excelente, admirable. Pero ¿en qué se diferencia un muro blanco de la ciudad de Monterrey con una de Santa Fe? ¿Cuál es el valor agregado que le sumamos como curadores? ¿Qué impronta local le añadimos a este acto vanguardista? ¿Solo repetir como loros? ¿solo copypastearnos?  ¿Cuál es la faceta del movimiento que habla de nosotros? ¿Qué nos hace identificarnos?

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En cuanto a café pendiente, el caso es similar, una iniciativa significante como acto solidario, y una gran prueba de confianza. Pero  ¿Cuál es el valor agregado que le sumamos como procuradores? ¿Qué impronta local le añadimos a este acto revolucionario? ¿No sería fantástico adaptar la iniciativa a las necesidades y realidades empíricas de nuestro alrededor? Sobre todo para no terminar convirtiendo la movida en un acto marketinero a los “negocios adheridos”. ¿no podemos cambiar las reglas?… el café:  ¿No puede convertirse en un “favor”?. No somos Italia, los inviernos no son tan crudos, y el bar de recoleta tiene un status social un  poco diferente al indigente que mostramos en el flyer. ¿Nos importa identificarnos con una tendencia o saber extraer el concepto para transformarlo?

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Pensemos localmente, si alguien ya lo hizo vamos a pararnos sobre sus hombros para proyectar sombras más grandes.

Author: Titi Nicola